martes, 6 de agosto de 2013
Gérmen de delirio
He pensado en la inconmensurable perfección de Dios, tan sólo afectada por la terrible exigencia análoga que le hace a su débil y patética criatura. La perfección es exclusiva de los dioses.. para todos los demás existe el llorar y el rechinar de dientes. Se me ocurre pensar en Dios como el más genial de los matemáticos, y en el diablo como el filósofo por excelencia. Después de todo, si recuerdo bien a Erasmo de Rotterdam, daimón significaría “el que tiene conocimiento”.
No es esto acaso lo que nos aleja de Dios?
El hecho de existir en función de una teoría o paradigma (la ciencia no es más que un paradigma fundamentado) y no en el perpetuo misterio de la fe en Dios y Su Creación?. No fue acaso el pecado original de la religión cristiana el devorar el fruto del árbol del conocimiento, ante cuyo efecto Dios se vio obligado a expulsar a nuestros míticos padres, no sólo como un castigo divino, sino para prevenir nuestro acceso definitivo a la eternidad? (lo que dice más o menos es esto: he aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal… Apartémosle No sea que coma también del árbol de la eternidad). No es acaso eso lo que nos resulta insoportable del paradigma cristiano?
No la esperanza en esa tierra mítica de leche y miel, sino nuestro desconcertante destino inmortal, como última respuesta a la pregunta por el ser? El problema no sería entonces (como en otras religiones) el del guerrero mítico que gana, gracias a sus obras, un sitio inmortal, (como metáfora de su inscripción en la historia), sino que precisamente todos los elementos que conforman nuestra existencia, desde nuestros más sublimes actos hasta nuestras más bajas pulsiones, son, a priori, inscritas en una eternidad abstracta cuya única promesa oscila entre la redención y la venganza divinas. Dios me resulta insoportablemente sublime! Mi amor por la misantropía me ha llevado paulatinamente hacia estos sitios obscuros en donde, hoy, conjuro tu recuerdo para iluminar este ocioso misterio en que intento sostener un endeble reducto de razón.
No me interesa nada más. Me aburren las mujeres entre las cuales podría encontrar una compañera.Para el psicoanálisis. Cada hombre está fracturado, y una pareja no es más que un intento por soportar nuestra hiancia fundamental. Ya no quiero vivir en una ilusión. Según un físico posmoderno, nuestro universo podría efectivamente estar estructurado como un holograma. Imaginas la posibilidad que esto encarna? Si, tal como en la excelente trama de la saga Matrix, esto no fuera más que una estructura artificial, tras la cual se revelara una dimensión real? Siguiendo un poco más allá con mi delirio… imagina que, opuesto al paradigma hindú según el cual tras la muerte nos hallaríamos en una especie de armonía atemporal con el Ser, tras la cual regresaríamos a una reencarnación según nuestros actos, como una suerte de oficina cósmica de recursos humanos…
Que pasaría, sin embargo, si fuera todo lo contrario, y precisamente este mundo es una especie de armonía forzada dentro del caótico universo. Si la perfección y armonía con el Ser sólo fueran asequibles precisamente en esta dimensión espacio – tiempo, tras la cual, fuéramos arrojados a un vacío inconmensurable, condenados a repetir el eco irreductible de una existencia ya de por sí errática, condenados, no ya a una segunda muerte, sino a un verdadero caos cósmico, en el cual sólo sobrevivirían vestigios aislados de lo que alguna vez constituyó nuestra subjetividad … la voz dislocada atravesando nuevas atmósferas inhabitables… la imagen refractada en manantiales de amonio … algunas partículas agrupándose en torno a una historia que alguna vez las hermanó. … Condenados a una hiancia aún más terrible de la cual partimos, sin sutura posible…
Qué si la única condición del hombre sobre la Tierra es crear un metáfora sublime, en vez de repetir su propia destrucción? ...
Tim Holt - Sunrise 68.
photo.net
domingo, 17 de marzo de 2013
Añoranza
Extraño el tiempo herido de mi infancia. La soledad transparente que no necesitaba lámparas, ni besos ni cigarros. Nada queda de mí mas que fronteras... desiertos inútilmente atesorados...
Volver
Vuelvo al blog. Al sentido original de este blog, es decir que vuelvo a escupir mi malestar en una hoja virtual leida por nadie. Vuelvo para marcharme de esta cotidiana tristeza. De esta jaula terrible de tedio y pobreza. Vuelvo para distanciarme de la sombra del día. Lacan diría con respecto al artista que es un tipo que pospone su ganancia narcisista hasta el momento de la creación. Lo que Lacan no dijo es que, una vez consumada la obra, el retorno de lo Real es una terrible resaca. Tras haber creado una obra maravillosa, el artista, distanciado ontológicamente de su creación, vuelve aún con mayor fuerza hacia su vacío central (la falta fundante). Desperdicié la última bocanada de cigarro para escribir estas líneas. Esta es más o menos la vida de un artista. Alejarse del goce cotidiano para conquistar un goce sublime. Lo cual no deja de ser una mierda. Es estúpido pensar que el artista es una suerte de alquimista psíquico que trasmuta su mierda en oro. El verdadero artista trasmuta su malestar hacia un ideal propio de la cultura en la cual se encuentra. No hay nada más importante para el artista que elevarse a la altura de la mirada del Otro. Es por eso qe los verdaderos artistas viven de un modo miserable. No se trata de hombres elevados sobre sus circunstancias mundanas, sino de hombres que desprecian el mundo por no estar a la altura de sus ideales. Vuelvo al blog, pues, no como un artista, sino como un hombre. Me duele la soledad, el hambre, la derrota. Vuelvo aquí a maldecir el sistema que me sostiene. Vuelvo para cantar en los funerales del mundo. Me importa un carajo quién lea. Si quisiera popularidad estaría escribiéndo metáforas en tuiter para que esos imbéciles masticaran un poco de creatividad. Para que me siguieran, aunque ni siquiera yo conozco el rumbo final de mi camino. Odio que todos estén enredados en esta telaraña virtual mendigando la mirada del Otro. Si supieran que el Otro los contempla verdaderamente como $, (no sólo como sujetos barrados sino como puro objeto, como potencial económico, como ovejas que trasquilar alegremente convenciéndolas que lo de hoy es soltar la lana). Malditos. No hay trabajo. Las vacantes son sólo oportunidades para enriquecer burgueses a través de un conocimiento superficial del otro. Administrar recursos humanos puede interpretarse como administrar el malestar de sujetos deshumanizados por las relaciones impuestas entre el capital y el obrero. Y mis únicas opciones son precisamente en este ramo de la industria. Los odio. El sistema te orilla a traicionarte. Vuelvo al blog para escupir esta rabia escarlata y fresca, que de otro modo se me coagulará en la mirada. El mundo se ha vuelto un zoológico humano. Zoo(i)lógico. Vamos. Gocemos. Atravesemos el fantasma. Arrojémonos al vacío mientras aún haya tiempo. Necesito trabajo para alcanzar la maestría. Creo que busco en la maestría alcanzar un ideal de un modo artístico, es decir, que estoy dispuesto a renunciar a todo con tal de hacer a través de la maestría una obra sublime que desenmascare el lado bello y optimista del capitalismo. Me encanta la coca cola. Irónico. A veces me parece una verdadera idiotez mandar el mundo a la mierda. Al fin y al cabo existo por y para el mundo. Sería más sencillo cortarme los tobillos con un hacha oxidada. Extraño la poesía, es decir, mi capacidad poética. Extraño mirar el mundo con otros ojos que no sean estas dos brasas incendiadas por el odio. Extraño la sensación juvenil del amor. Ya sé que es un error, que el objeto siempre falla, y francamente me importa un carajo. No quiero envejecer para devorar mis propios intestinos. Quiero vivir. Carajo! Soy un hombre! Estas palabras emergen en una mente paralela. No podría ser de otra manera. Estoy harto de esta mierda. Harto de fingirme feliz. Lo único que me mantiene en esta órbita es la posibilidad de desentrañar la verdad de mi inconsciente. Lo único que me sostiene es la posibilidad de resolver mi propia ecuación. Quizás por eso no voy con Velantina. Jajajaja!! Definitivamente tengo que verla. Trabajar para qué? Habito entre los míos como un animal enjaulado. Después de tres años de ausencia soy una especie de misterio para ellos. No saben hasta qué punto presionar, lo cual es divertido. Odio esta cotidianeidad. No es que haya otra mejor. De alguna manera me encanta la casa de mi padre. La sombra del mango le otorga un claroscuro poético a la escalera de metal inacabada. Es demasiado espacio deshabitado. Demasiado goce derrotado. Ideales goteando tristemente en el lavamanos. Todos aquí viven en un universo propio. Lo que antes era una radiante constelación se ha convertido en una errática conjunción desorbitada de astros que tarde o temprano colisionarán. Tiene tanto que no escribo poesía. Después de todo es bueno volver.
"Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida".
Lo que Chabela Vargas ignora, es que aquello que nunca vuelve, una vez ausente, es el amor por la vida.
Me gusta estar aquí. Es lo más cercano que he conocido a la paz.
Sólo añoro un cigarrillo.
martes, 29 de enero de 2013
El moderno Prometeo o de la emergencia de la Cosa
Planteemos el argumento central de este ensayo: intentar interpretar a través de la obra de una autora sobresaliente las motivaciones de la misma sirviéndonos para este fin de su historia de vida. Según Wikipedia Mary Wollstonecraft Godwin es la segunda hija de William Godwin, cuya esposa fallece tras dar a luz a la autora de Frankenstein. Poco después de este suceso contrae nupcias con su vecina por no saber que hacer con sus hijas. La madrastra de Mary tiene hijos propios que favorece sobre las dos huérfanas, y se opone a la educación de Mary, gracias a cuyo padre cuenta con una tutora y una institutriz, lo cual resulta inusual para la época. Una de las ventajas de un blog es la informalidad de la escritura, razón por la cual asumo la libertad para definir mínimamente la época en la que se desarrolla la obra, lo cual no obedece a otra cosa que mi rotunda ignorancia acerca de la historia. Pensemos en el final del siglo XIX como el final de la magia en occidente. Los valores mutan (afortunadamente), y el cambio de siglo no es la excepción. Si el siglo XIX se caracterizó por la superstición, la búsqueda del conocimiento alquímico, etcétera, el siglo XX abre sus enormes quijadas industriales impulsado por las máquinas de vapor y la idea (terrible, ridícula idea) del progreso del hombre a través de la ciencia. La electricidad es el nuevo maná, del cual se espera hallar el secreto de la vida. El hombre está condenado a crear, lo cual lo confronta irremediablemente con una dimensión ética. Esta es la paradoja del moderno Prometeo planteado por Shelley. Crear para qué? Una vez consumado el ideal a un nivel imaginario (crear vida) estalla la angustia ante la emergencia de la Cosa. La ecuación es simple: Dios es el Creador – Si Creo soy un dios - Debo ser como el padre/No tengo permitido ocupar el lugar del padre (paradoja superyoica) – Luego entonces, el efecto de esta creación no es sino la emergencia de lo Real que rebasa cualquier imperativo simbólico. Frankenstein no es otra cosa que La Cosa, el Das Ding freudiano que Lacan rescata en su seminario acerca de la ética del psicoanálisis. Y qué dice Lacan acerca de la terrible Cosa?. La Cosa es el núcleo a partir del cual emergen las representaciones psíquicas que darán origen al psiquismo, las Vorstelung freudianas. La gravedad del psiquismo se define por La Cosa. El objeto, para Lacan, no posee en sí mismo ningún atributo, en lo cual radica una fuerte crítica a la bipartición kleiniana objeto bueno / objeto malo. El objeto simplemente es. La posición subjetiva adoptada por el sujeto del inconsciente en relación a ese objeto primordial inaugura su ulterior dialéctica. La función del fantasma es precisamente enmascarar el objeto al tiempo que lo persigue. El matema lacaniano del fantasma es $ ♦ a donde $ representa al sujeto del inconsciente, a el objeto irremediablemente perdido y ♦ la perpetua distancia entre ellos. La castración es, en cierto sentido, la pérdida irremisible del objeto, y la condición estructural del deseo es precisamente que el objeto falte. La lógica neurótica es girar en torno a un fantasma, es decir a nuestra condición castrada. Una lectura ociosa de Frankenstein a través de este seminario posicionaría a la criatura como el objeto (a), y al creador, Victor Frankenstein, como el sujeto barrado que lo produce al tiempo que lo pierde ($). Lo que falta en esta ecuación prometeica es nada menos que la falta, ♦ que media la distancia entre el deseo y su realización. La criatura de Shelley podría tomarse como el supremo bien, el bien en sí mismo, a partir del cual se desencadenan toda una suerte de representaciones y atributos. La otra cara del bien es el mal, es decir, el objeto en su condición abyecta de puro real, lo cual equivaldría a ver en la criatura de Frankenstein una suerte de malformación del ingenio humano que bien podría eliminarse del mismo modo que una letra en este monitor, brutalmente desubjetivado. El mal es el soporte real del bien. Podría ser a la inversa. Nuestro supremo bien, plantea Lacan al comentar la ética aristotélica, es el placer. Y resulta que, paradójicamente, nada en nuestro psiquismo está hecho para ese tipo de homeostasis mítica. El proyecto freudiano nos muestra desde sus inicios la contradicción implícita entre los tres sistemas que constituye la subjetividad, de los cuales derivará la ya mentada segunda tópica (ello, yo y superyó). Nuestro malestar en la cultura no es otro que la falta. No existe nada que nos complemente en ningún sentido del término. Frankenstein es un objeto fallido. Es el intento desesperado del hombre industrial por recuperar su estatuto de complementariedad con el Otro prehistórico que (qué bueno!) también está barrado!. Posiblemente la creación de Frankenstein, más allá de estas paradojas éticas, radica en la doble pérdida sufrida por Shelley con respecto a sus hijos. El lenguaje no es otro que el del deseo. Nos monstrifica. Nos mortifica. Frankenstein es un monstruo de la razón pero, quién no lo es? Que el Otro esté barrado es lo mismo que decir que Superman está borracho (seguramente de angustia). Como dice la canción, estás sólo chico. Sólo con tu deseo, que irremisiblemente nos remite al déficit del lenguaje, a la pérdida, a la deriva. Todos somos náufragos. Es innecesario decir que Frankenstein me resulta el menos monstruoso de nosotros.
VAGO-MAMBRU LYRICS
mi historia comienza desde que era yo pequeño a nadie le importaba mi idolo era batman y el llanero solitario
mambru se fue al guerra y batman esta borracho superman esta filmando la ultima pelicula el llanero solitiorario esta almorzando confleiks tu pa que te angusties pero nadie me va a salvar
como puedes darte cuenta nadien te va a defender puedes a empezar a rezar
estas solo chico
estas solo chico
estas solo yo lo se
si hubiera sido muy chico medallas hubieras ganado hubiera sido super heroe nacional hubiera sido un gran muchacho lleno de diplomas almorzaria papas fritas o pasta dental
como puedes darte cuenta nadien te va a defender puedes a empezar a rezar
estas solo chico
estas solo chico
estas solo yo lo se
pambro se fue al guerra y batman esta borracho superman esta filmando superman 4 a ramon le vale gorro tambien al hombre araña los paquetes van de 0 nadie te va a salvar
si hubiera sido muy chico medallas hubieras ganado hubiera sido super heroe nacional hubiera sido un gran muchacho lleno de diplomas almorsaria papas fritas o pasta dental
como puedes darte cuenta nadien te va a defender puedes a empesare a rezar
estas solo chico
estas solo chico
estas solo yo lo se
El embrujo de narciso
Narciso sentado en el borde del lago.
Escucha un llamado, hipnótico hado.
Narciso en el bosque diáfano
templado
Persigue la voz con pueril desenfado.
Busca. Es buscado.
La voz transparente en el fondo del lago
arroja su hechizo como diestro mago
Narciso inclinado en el borde del lago
se entrega al enigma
absorto
abnegado
ignora los lirios,
las aves
los sapos
el sol palidece ante el nuevo legado
"Divino narciso" por Otro es nombrado
se inflaman pupilas
se tensan los labios
se asoman los dientes jubilosos
blancos
que diablo sonríe
demente y extraño?
Narciso se mira. Narciso es mirado
principe solemen. majestuoso heraldo
la magia prosigue... "mi sueño dorado"
narciso radiante
narciso inflamado
Quien pues - piensa el niño - vigor me ha dotado?
que magia gobierna en el fondo del lago?
"Querido narciso" "Ven a averiguarlo"
"divino narciso" "narciso mi amado"
Nada lo prepara para el terco salto
mirada arrogante
furor temerario
fulgura un instante
del lago es bocado!
se empantana el brillo! se extravían los astros!
las aguas se ciernen! lo estrujan cual manos!
narciso en el vértigo clama aterrado
que cuerpo escamoso, terrible y extraño
rodea a nuestro niño en el fondo del lago?
No es sólo su angustia Hay algo! Hay algo!
chilla la criatura hórrida! espanto!
narciso se asfixia en su propio quebranto
quijadas prehistóricas gustan su llanto
Suspenden las aves su atónito canto
se enlutan los cielos, llueven por el santo
no hay nada que hacer! se le quiso tanto!
duelo por Narciso y su pueril encanto!
Nadie sabe bien que tiempo ha pasado
el luto prosigue, la fe ha claudicado
de pronto del lago se escupe el bocado
pútrida silueta! niño desmembrado!
es ese Narciso? Torpe y desgarrado?
es Otro! es Otro! la bruja ha ganado!
El bosque se eriza!
alfombra de cardos!
martiriza al monstruo frágil como nardo
le estalla e el rostro la luz cual petardo
y Narciso arrastra sus palabras: ardo
los pájaros hallan manjar en su oído
gusanos, lombrices, gocen del podrido!
traigamos las crías! hagamos un nido!
rompamos el tímpano de este malherido!
Narciso dilata vasos y pupilas!
en su cráneo habitan serpientes!
anguilas!
su boca escarlata es viñedo de insectos
devoran rapaces a ese ser perfecto!
Detrás de sus ojos Otra voz se inflama
que terribles llanos de desesperanza
recorre Narciso en el fondo del alma?
que pide el errante profeta?
que clama?
Contra las tinieblas encienden un cirio
para iluminar su perpetuo martirio
"incendiarme quieren!!" dice en su delirio
"Narciso... mi amado" la bruja lo habla
"quédate a mi lado más allá del alba"
"veremos teñirse los cielos de malva"
"el bosque es malvado" ... "la bruja te salva"
"sublime narciso"
"luz de mi mirada"
jueves, 11 de octubre de 2012
Lo horrible
Lo horrible
Lo horrible es no saber ya que escribir
ir vaciándose de besos y de voces
fumar a deshoras
hacer valer la chispa del insomnio
Lo horrible es consumirse impunemente
en la pira del tiempo
para cegar la sombra que encarnamos
relampagueante angustia
fuego eterno
Lo horrible es perpetuar era tras era
el mismo desvarío
sostener por semblante una quimera
y por alma un vacío
lunes, 8 de octubre de 2012
El crepúsculo de los frívolos
Hace una semana establecí un contrato laboral con una relevante franquicia norteamericana que opera en la ciudad de Xalapa, y cuya sede radica en una plaza comercial que constituye por sí misma una referencia para la ciudad de las flores.
En el contrato, yo, en calidad de ayudante general, asumía responsabilidades correlativas al título de mi puesto, por una jornada establecida de seis horas, por el módico salario de siete pesos con treinta centavos por hora laborada (los centavos son relativos). De aquí se descuenta vía nómina el pago por alimentación, pactado previamente con una empresa de la zona. Esto significa que. aún en caso de que decida negarme a alimentarme en esa sucursal previamente elegida pro el Otro, el descuento se efectúa.
Mis compañeros son en su mayoría estudiantes, y, al igual que yo, aspiran una mejor calidad de vida. En este contexto, uno de ellos interpela a otro: Piensas quedarte aquí toda la vida? "No" - responde desdeñosamente el otro -.
Este es el fantasma que recorre el diminuto espacio en el que nos desempeñamos:Es un "mientras tanto". Pregunté entonces, obviamente atraído por la conversación: "Sabes que la reforma laboral propuesta por el gabinete del presidente Calderón contempla, entre otras cosas, un sueldo aproximado de siete pesos por hora independientemente de tu profesión? Mi interlocutor se limitó a encogerse de hombros, lo cual fue interpretado por mí como: "el Otro se encargará, no es mi problema" (denegación mediante).
Pregunté entonces a una compañera que nada había escuchado de la conversación narrada: "Sabes lo que es la plusvalía?" a lo cual respondió: "Algo relacionado con el dinero, con la ganancia, no sé muy bien".
Terminando mi turno, un último compañero se dirige a mí con estas palabras: "Quisiera ser tú!" - refiriéndose a mi horario, ya que él tenía que cubrir dos horas más de producción a razón de siete pesos con centavos relativos por hora. Finalmente, en una casual conversación conjunta, emerge el clásico tema de la música, como una posibilidad imaginaria de establecer diferencias, rasgos narcisistas cuya única finalidad de fondo es salvaguardar una identidad ante la terrible alienación (en el sentido marxista) al endeble lugar ocupado en la línea de producción, ya que los puestos son rotativos, es decir, cada uno de nosotros es absolutamente reemplazable.
En estas circunstancias, recurrí a un libro que hasta entonces no había tenido el coraje de leer: El Anticristo, de Nietzche, como un modo de resistencia a las condiciones en que me desempeñaba.
Busqué un sitio, una vez terminado mi turno, dentro del mismo centro comercial, guiándome por un alegre y confortable piano, dispuesto a iniciar mi lectura.
Hallé una bóveda celeste de tal perfección y un excelso pianista... ausente!! Francamente la sensación que me embargó no podría describirse de otro modo que ominosa, tomando el significante en el sentido propiamente freudiano.
Qué clase de cultura es aquélla con la capacidad para prescindir del cielo?
Qué clase de hombres capaces de gozar de un reproductor musical tan anticuado?
Seria más franco un cuarteto de grises bocinas.
A compás del pianista, a la par del crepúsculo moderadamente luminoso, Nietsche resplandece, tensa las menguas cuerdas de mi lucidez. Siendo él mismo un incendio, prescinde del cielo, aborrece a sus contemporáneos.
Qué terribles romanos, que crucificaron a Dios!
Que terribles cristianos, que eternizaron a Dios!
Qué terribles nosotros, que osamos prescindir del cielo, haciendo de él una pálida equivalencia sólo congruente con un deseo domesticado, decadente, mezquino, posmoderno!
Definitivamente, si Nietzche logró prescindir de un sitio en el cielo, fue en un sentido opuesto!
En estas circunstancias, una hora con Nietzche resulta un privilegio.
Es un verdadero placer pagar el precio de mi deseo!!.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Ordenador
Hoy me resulta complicado escribir a través de un ordenador. He afrontado paulatinamente la narcisista vacuidad de mi existencia. A través de la pérdida obtengo una ganancia. Poseo motivos relevantes para sentirme aterrado ante la idea de abandonar mi cualidad de estudiante. La pobreza, la muerte, el olvido, que progresivamente he consolidado entre mis más allegados amigos. Egreso para morir, exiliarme irreductiblemente en un mercado que no valora demasiado mi conocimiento, por constituir todo aquello que el capitalismo no quiere ver de si mismo. He apostado ciegamente a la estafa psicoanalítica. Aún me taladra la memoria un Dios misericordiosamente sangriento, ante el cual mi orgullo se arrodilla aterrado, sólo para traicionar el pacto divino en un pestañeo. Antes me era necesario justificar la nobleza de mis intenciones, la superioridad de mis metas. Ahora me limito a reconocer que, sencillamente, mi existencia gira alrededor del psicoanálisis, lo cual resulta una manera bastante sintomática de truncar mi camino en esta disciplina. Soy un maldito histérico que sólo Demanda neuróticamente la mirada del Otro al tiempo que, a un nivel consciente, se ufana en afrontar el arduo y espinoso camino del exilio. Me resultaba complicado escribir a través de un ordenador. Al parecer no sucede lo mismo con el Otro dentro de mí, que no cesa de afirmarse, que no conoce la renuncia, ni la pérdida, ni la muerte. Es un fastidio saber que sólo me queda un cigarro, quinientos pesos, con los cuales tengo que sortear el resto de la quincena, y máximo cincuenta años de vida. Tanto tiempo. Tan poco tiempo. Si tan sólo el inconsciente reconociera la medida de la muerte. Me pregunto, si es que Dios existe, cómo piensa juzgarnos? De qué manera es pertinente establecer un juicio axiológico en relación a nuestros actos, si la raíz de cada obra elevada del sujeto es tan sólo el reverso de sus más oscuras perversiones? Me aterra Dios, la muerte (por fin lo dije!!) el equívoco. El mundo se halla en franca decadencia. Asisto al final de los tiempos, al límite del goce imperialista, que sólo acierta ser destronado por un imperio aún más ominoso, resguardado bajo la mascarada ideológica del comunismo, siendo que el único rasgo en común entre los asiáticos corresponde a un registro imaginario (los ojos, que, a diferencia de occidente, parecen haber sido hechos en una línea de ensamble por el escalpelo de un cirujano hastiado). Mientras el nuevo orden mundial se fragua subrepticiamente entre los bastiones económicos de Oriente, el Tercer Mundo sigue doliéndose, como esa herida abuela de la humanidad que, aunque todos saben que agoniza y chochea, no amerita la compasión suficiente como para dedicarle la jornada en mimos y arrumacos, en humedecer sus labios agrietados, o separar al menos sus migajas de sus excrementos, ni la suficiente frialdad como para sugerir la eutanasia de esa milenaria desértica. Me resulta complicado escribir en un ordenador. La letra de molde me arrebata el goce narcisista de una caligrafía críptica y extravagante, en la cual la primera vocal es la mayoría de las veces un fruto abierto a la sombra de la erre, mientras que el trazo salta ante la alta y esbelta silueta de la ele, por ejemplo, sólo para sucumbir ante un vértigo voraz que revienta a plomo la elegancia de las elevadas letras. Hace poco un hombre cuya cabellera me resultó análoga a la del padre de la Independencia, (a propósito de las fiestas patrias), resolvió para mí un trivial enigma que todo lego ha albergado alguna vez en relación con el campo de la medicina: Por qué los médicos escriben “con las patas”? La lógica de su respuesta me resulta irrefutable: Ante cada diagnóstico existe un riesgo colateral de daño, de tal suerte que si el médico receta ese miligramo en el cual se agazapa la muerte, se le adjudican responsabilidades. De esta forma, la letra enmascara al sujeto. Por qué no pensar que el afán por la pésima caligrafía de parte de los médicos de la vieja escuela es correlativa a su deseo inconsciente de matar a sus pacientes? Dios salve a los médicos! Prefiero fumar ese maldito cigarrillo que lamentablemente se mojó bajo la lluvia, y jugar a morir para postergar mi definitiva, inexorable y aterradora muerte.
Andrés David Roldán Ubando
18 septiembre de 2012
sábado, 28 de julio de 2012
Poesía 2009 2010
Génesis
Primero fue el fuego
La luz
Incendio primo
Ciego
Descomunal chisporroteo
Magma originario
Borbotones incandescentes
Chispas
Lanzadas al precipicio
Enfriados por la muerte
Por la vida
(Existencia partida en dos mitades)
Lluvia de soledad
Temporal de tristeza
Somos el fuego sólido
Vértigo
En el pozo del tiempo
Caemos
Nuestras obras
Son ecos
Andrés David Roldán Ubando
27 – julio – 09 ---- 2:30 am
[Palpitas tácitamente]
Palpitas tácitamente
En los ásperos muros
De esta longeva casa
Mutas en cotidianas
Frívolas circunstancias
Que gobiernan mi vida
Tiempo que me devasta
Con las mortales garras
De las horas vacías
Dinero que no alcanza
Ciega,
Absurda pelea)
Metálica esperanza
Calles en que transito
Jornada de mil caras
Que habitan viejos sitios
Cruel insomnio maldito
Tedio que me rebasa
Y metamorfosea
En un oscuro grito
Puño hecho de palabras
Que me estruja y golpea
Ebrio afán inaudito
De existencia, en aras
De un destino infinito
Como si a cada paso
Que doy te disfrazaras
De hambre
Angustia
Ocaso
Justo ahora
Desde el éter de tu ausencia
llueves
Blues de la selva
La armónica paquidérmica barrita
Bajo la lluvia rítmica del piano
Su nostalgia selvática
Exquisita
La batería es un clamor que resucita
Espasmódico habitante obtuso
Huraño
Con férrea vocación de dinamita
Un requinto vibra y multiplica
(lírico bejuco descarriado)
su magia inextinguible e infinita
Guiado por la cábala inaudita
de un hechizo vocal inmaculado
que en su afán se diluye y desgañita
es el blues una alquimia que crepita
entre criaturas, nubes y barrancos
que estallan,
se evaporan
resucitan
Andrés David Roldán Ubando
17 julio 09 4:52 pm
Utopía
Inútilmente fatigo mi conciencia
Es imposible deshabitar el miedo
La horrida certidumbre cruel
Funesta
De andar por el mundo esclavizado
Ciego
Al límite irreal de la demencia
Martillan otra ciudad de un nuevo hierro
Las manos de la rabia y la impotencia
Fraguado en la carencia
Ancestral fuego
Gestando en la soledad de su destierro
Una criatura parida en la indigencia
Amamantada de exilio y excrementos
De esta quimera en franca decadencia
Más de este feto metálico y ardiente
Deberá emerger una simiente
Cual revancha decisiva
efervescente
Inmaculada
Perfecta
Transparente
18 julio 09
martes, 22 de mayo de 2012
jueves, 29 de marzo de 2012
jueves, 22 de marzo de 2012
Breve ensayo del solitario.

Soledad es uno de los nombres con el cual designamos el efecto (afecto?) propio de nuestra posición narcisista en el mundo. Un solitario es siempre un inconforme, un exiliado, un proscrito. La soledad es, en última instancia, el reconocimiento con respecto a esa frontera infranqueable entre el yo y el otro más allá del espejismo en el cual se despliega el fenómeno imaginario de la comprensión empática. En efecto, la empatía responde muy bien al lugar que el yo (je) asume en el otro de acuerdo a sus propias coordenadas imaginarias, es decir, un lugar simétrico, y por lo tanto, equivalente.
La soledad es el efecto irreductible del significante primordial que funda al sujeto del inconsciente, privilegiado en la medida en que resulta exclusivo, en el sentido literal del término. El sitio que ocupa el sujeto ($) con respecto al Otro (A) no puede ser ocupado por ningún otro (a). Es en la medida en que el sujeto intenta satisfacer esa Demanda que encuentra las coordenadas necesarias para asumir su sitio en el mundo, es decir, para el Otro.
El verdadero solitario, del cual dió cuenta la literatura existencialista del siglo pasado, intuye muy acertadamente que sólo a él le corresponde responder a su Deseo. Lo que ignora es que, precisamente su deseo se plantea en términos delimitados por el Otro. La única compañía del solitario es su fantasma, ese faro que destella en un horizonte metonímico, condición paradókica de su naufragio.
Podría pensarse del solitario que, tras la báscula del deseo suscitada por el otro, gira sobre sí mismo, incesantemente, extraviándose en un laberinto fantasmático.
Del mismo modo que no hay represión sino retorno de lo reprimido, podría pensarse que no existe soledad sino el retorno a la soledad como reconocimiento a posteriori de la condición implícita de la existencia.
El solitario se asume incomprendido. Todo verdadero líder es en el fondo un solitario, en la medida en que inaugura nuevas coordenadas imposibles de asimilar por sus contemporáneos. He allí su carácter subversivo. Los líderes subvierten el sentido del discurso común, lo redimensionan, siendo el efecto de su creació valorado casi siempre por las generaciones posteriores, en una suerte de Nachtráglick
No es azaroso que se tilde a los líderes de locos, siendo también que en algunas culturas al delirio se le atribuía un carácter profético. Recordemos para este caso el Oráculo de los giregos.
El solitario establece un soliloquio con el Otro, del cual no entrega cuentas anadie, una buena razón para homologar la soledad a la sabiduría, siendo precisamente un supuesto saber, a menudo críptico. El verdadero sabio sabe que no sabe, haciendo de su ignorancia su propia respuesta al Otro, allí dónde todos se ofuscan incesantemente a una palabrería vacua.
El sabio, el profeta, el loco, son atravesados por un rasgo en comun: su carácter de exclusión con respecto a los otros, incapaces de asimilarlos en una sociedad que precisamente se caracteriza por la fragilidad de sus vínculos, en la medida en que se sustenta en una relación casi especular con respecto al otro. El solitario astilla los espejos, el profeta amenaza la frívola felicidad de su comunidad con su silencio, como el viento a una casa de naipes, volviéndose ominosos en la medida en que intenta una respuesta distinta al Otro.
El solitario es un irremediable, porque el remedio consiste en ser asimilado por el Otro, obturando su condición deseante, es decir, la posibilidad de reformular la Demanda del Otro como un deseo propio.
No existe un mejor ejemplo de este argumento que la ya trillada crítica a los fármacos psiquiátricos. Lo paradójico es que, precisamente aquellos indignados por la perversión de la ciencia como un instrumento de poder (y de goce) son los mismos que sucumben gustosamente a los placeres propios de la "normalidad", efecto de una ideología cuyo reverso es el eficaz funcionamiento del capital. No somos distintos de aquellos inquisidores dispuestos a incinerar a cualquier hereje que cuestionara nuestro estúpido modo de gozar.
La soledad consiste en una suerte de "narcisismo negativo", en la medida en que el solitario se instaura como diferente al otro, precisamente hace descansar su valor en la medida en que se distancía simbólica e imaginariamente del otro, su semejante.
El solitario deniega al otro, lo reconoce a partir de su negatividad con respecto a sí mismo. Para el solitario, el otro es el signo de lo que no es, con lo cual confirma a nivel inconsciente su similitud.
No hay mayor demostración de fraternidad en el hombr que su postura solitaria con respecto a sus semejantes.
13 de marzo de 2012
domingo, 19 de febrero de 2012
Acerca del mal

"De acuerdo con el lugar común ideológico tradicional, la inmortalidad está vinculada al bien y la mortalidad al mal: lo que nos hace buenos es la conciencia de la inmortalidad (de Dios, de nuestra alma, del impulso ético sublime...), mientras que la raíz del mal es la resignación a nuestra propia mortalidad (todos debemos morir, así que no importa, simplmente hazte con todo lo que puedas, satisface tus caprichos más oscuros...) Qué ocurriría, sin embargo, si diésemos la vuelta a este tópico y barajáramos la hipótesis de que la inmortalidad primordial es el mal: el mal es algo que amenaza con volver siempre, una dimensión espectral que sobrevive por arte de magia a su aniquilación física y continúa acechándonos. Por ello la victoria del bien sobre el mal es la capacidad de morir, (...) de encontrar la paz en la liberación de la obscena infinitud del mal".
Zizek.
Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales
Paidós 2009
domingo, 5 de febrero de 2012
De esas noches
Hoy es una de esas noches
en que quisiera arrojarme en un pozo sin fondo
callarme de veras
de esas en que mi sombra
me va quedando grande
de tanto andar a tientas
en la oscuridad
Hoy es una de esas noches
en que ni siquiera puedo escupir
una buena metáfora
y no me importa
precisamente porque es de esas noches
en que sólo valdría la pena morir
o masturbarse
en que quisiera arrojarme en un pozo sin fondo
callarme de veras
de esas en que mi sombra
me va quedando grande
de tanto andar a tientas
en la oscuridad
Hoy es una de esas noches
en que ni siquiera puedo escupir
una buena metáfora
y no me importa
precisamente porque es de esas noches
en que sólo valdría la pena morir
o masturbarse
Monstruos

La premisa que justifica esta entrada amerita una mayor extensión, que sin embargo, resulta innecesaria para quienes comprenden la naturaleza del pensamiento psicoanalítico.
Desde que el hombre existe como tal, tanto a nivel histórico como individual, se ha develado como una incesante interrogante para sí mismo. El psicoanálisis le dió la respuesta, y se volvió sordo.
Qué es un monstruo, sino un ser desviado de su función?
Cual es la naturaleza original del hombre, sino la del lenguaje.
La inscripción del hombre en el lenguaje lo arroja a las ominosas fauces de la pulsión de muerte. Esa cadena que pulsa, se repite.
El hombre es una contingencia sin una función predeterminada, y cuya unica dirección es otorgada por el significante. El lenguaje es la estrutura misma del ser.
Si existe una naturaleza esencial en el hombre se halla en este argumento.
El hombre es un monstruo repulsivo
miércoles, 1 de febrero de 2012
Cosmogonía del silencio
El silencio es un tumor cancerígeno que es preciso drenar de vez en cuando. Está alojado a tal proximidad del ser que extirparlo es una operación utópica. Se expande de un modo sigiloso, alimentándose subrepticiamente de promesas desbaratadas en la lejanía del horizonte, de viejas cicatrices que ladran su dolor en el invierno. Allí vemos al silencio amordazando cada lágrima que anega en la mirada. Descalabrando de un culatazo el grito de indignación que se eleva en nuestro joven torrente sanguíneo. Acuchillando nuestro vientre hambriento con diligente formalidad. Disecando metáforas con una antorcha de tungsteno. Domesticando nuestra propia muerte a cucharadas. Muerte dócil, dosificada. Espurio. Jubilando nuestra demente soledad, cuyo único júbilo, si es que tuvo alguno, fue crucificado en un formato de pensión.
El silencio no está diseñado para reventar. Su existencia, basada en la acumulación de sombrías remembranzas, responde a un orden mucho más superior, de características cósmicas. El silencio implota. Las estrellas, que constituyen su semejanza, son en el fondo tumores del malestar de la creación. La resaca del buen Dios. El silencio, fatigado de saberse, se devora a sí mismo con voracidad antropófaga, creando un espiral cuyos valores negativos sobrepasan las dimensiones ontológicas de la existencia. Nuestro errático rumbo se detiene. Incapaces de lanzar nuevamente los dados al tablero, cesamos.
Si es al lenguaje a quien debemos nuestro linaje humano, al silencio le debemos nuestro débil parentesco con los dioses.
Ya Cioran se anticipaba a este razonamiento, al afirmar que no hay nobleza sino en la negación de la existencia.
No existe hasta la fecha ninguna intervención capaz de drenar nuestro silencio por nosotros. Hasta ahora la Academia sólo ha sido capaz de alfabetizar nuestras heridas, lo cual es equivalente a saturarnos de morfina.
Existe una leyenda según la cual, cierto hombre logró arrancar de sus fauces el secreto radical de su naturaleza. La llamó Inconsciente.
Sus contemporáneos lo odiaron, lo amedrentaron, le vociferaron el pánico del siglo.
Inauguró a contracorriente un ceremonial para todos aquellos hombres cansados de morirse a perpetuidad. A aquellos que habían dado una dentellada ingenua a lo Real, les destrabó la quijada.
Incluso en esta época, que precisamente se caracteriza por su capacidad estridente, algunos hombres, en un destello de lucidez, gustan de desangrarse solitariamente, inspirados por esa leyenda, con el escalpelo acerado de su historia.
El silencio no está diseñado para reventar. Su existencia, basada en la acumulación de sombrías remembranzas, responde a un orden mucho más superior, de características cósmicas. El silencio implota. Las estrellas, que constituyen su semejanza, son en el fondo tumores del malestar de la creación. La resaca del buen Dios. El silencio, fatigado de saberse, se devora a sí mismo con voracidad antropófaga, creando un espiral cuyos valores negativos sobrepasan las dimensiones ontológicas de la existencia. Nuestro errático rumbo se detiene. Incapaces de lanzar nuevamente los dados al tablero, cesamos.
Si es al lenguaje a quien debemos nuestro linaje humano, al silencio le debemos nuestro débil parentesco con los dioses.
Ya Cioran se anticipaba a este razonamiento, al afirmar que no hay nobleza sino en la negación de la existencia.
No existe hasta la fecha ninguna intervención capaz de drenar nuestro silencio por nosotros. Hasta ahora la Academia sólo ha sido capaz de alfabetizar nuestras heridas, lo cual es equivalente a saturarnos de morfina.
Existe una leyenda según la cual, cierto hombre logró arrancar de sus fauces el secreto radical de su naturaleza. La llamó Inconsciente.
Sus contemporáneos lo odiaron, lo amedrentaron, le vociferaron el pánico del siglo.
Inauguró a contracorriente un ceremonial para todos aquellos hombres cansados de morirse a perpetuidad. A aquellos que habían dado una dentellada ingenua a lo Real, les destrabó la quijada.
Incluso en esta época, que precisamente se caracteriza por su capacidad estridente, algunos hombres, en un destello de lucidez, gustan de desangrarse solitariamente, inspirados por esa leyenda, con el escalpelo acerado de su historia.
domingo, 29 de enero de 2012
Delirio.
Mis ojos arden. Habitamos el resquicio del tiempo en que morimos apenas sin saberlo.
Desvenamos el tiempo.
La noche es esa perra que ladra bajo la ventana, reclamando su sitio en la memoria.
La penumbra del hombre es el olvido.
Mi mirada es esa chispa que serpentea bajo la lluvia de la muerte.
Muerte sacra. Errante. Irracional. Mezquina.
Dolorosa en tu ausencia.
Desvenamos el tiempo.
La noche es esa perra que ladra bajo la ventana, reclamando su sitio en la memoria.
La penumbra del hombre es el olvido.
Mi mirada es esa chispa que serpentea bajo la lluvia de la muerte.
Muerte sacra. Errante. Irracional. Mezquina.
Dolorosa en tu ausencia.
miércoles, 25 de enero de 2012
La red de Mickey Mouse
El texto transcrito a continuación corresponde a una ponencia no llevada a cabo, razón a la cual obedece su formato.
Se puede vislumbrar a partir de la perspectiva psicoanalítica un abordaje contemporáneo de los dos ejes que nos convocan a este recinto; la civilidad, es decir, el arte de la adecuada utilización del cuerpo, así como lo mundano, que es, desde esta perspectiva, el encuentro fantasmático, fallido a perpetuidad, del sujeto con el goce, anudados en un constructo cultural específico: las redes sociales, que constituyen un fenómeno mundano de carácter civilizatorio digno de ser observado desde una lectura psicoanalítica.
Una de las lecciones con las cuales Lacan asesta un severo bastonazo budista a los analistas del yo se halla en la lección “El análisis objetivado”, en el segundo seminario. En ella, Lacan advierte como los analistas, al enfocarse en el yo del sujeto, caen en la tentación de servir de referencia para la construcción de un nuevo yo. Lacan advierte que si el sujeto es capaz de aludir a esas imágenes, en las cuales radica la meta última de sus pulsiones, es gracias a la palabra, es decir, a la dimensión simbólica que posibilita su estructuración a través del discurso. El yo falla al decirse, se maldice. Lacan lo refiere, en última instancia, como un síntoma.
Manifestaciones “imaginarias” como el fenómeno suscitado por las redes sociales sólo son posibles bajo la estructuración simbólica posibilitada por el Otro. Es un error asumir que la sobreestimación de las imágenes por parte de este tipo de estructuras forcluye la dimensión simbólica que las sostiene. El direccionamiento de los discursos, dirigidos al otro (a´), se subordinan inconscientemente según la estructuración otorgada por el Otro, en cuyo reconocimiento hallan su verdadera finalidad.
Este planteamiento nos remite al estadio del espejo, de Lacan.
Si el niño es capaz de reconocerse jubilosamente en el espejo cóncavo esto solo se debe a su refracción anterior en el espejo plano. Según la metáfora lacaniana, es el espejo plano del lenguaje el que posibilita que el sujeto se reconozca en el otro, a partir de lo cual se constituirá el yo (je).
Las redes sociales constituyen una reminiscencia en relación al espejo en el cual hallamos al otro, nuestro semejante, a partir de una relación narcisista (toda identificación es narcisista) que, sin embargo, obedece al espejo plano del lenguaje, es decir, al Otro.
La amplia aceptación de nuestro contexto social a este tipo de manifestaciones podría pensarse más allá del principio de placer, como una compulsiva repetición de ese primer encuentro con el otro, esa significación que insiste fallidamente en ser develada por el sujeto. La pulsión de muerte no es otra cosa que la inauguración del registro simbólico del hombre, que, al situarse precisamente más allá del principio de placer, trasciende su registro imaginario.
El hombre ha hallado el espejo ideal en el cual cristalizar el narcisismo arrebatado por el Otro, precipitándose a un goce mundano, prioritario y efímero que, sin embargo, canoniza la Demanda del Otro, subordinando su cuerpo dentro de un discurso ideológico civilizatorio que obtura cualquier confrontación con lo Real.
En la medida en que el hombre es capaz de recuperar a través de un registro imaginario el narcisismo sacrificado a la cultura, halla un atajo que le ahorra gran parte del rodeo simbólico que le debe a sus ideales del yo. Los ideales que constituyen los vértices simbólicos del sujeto se diluyen en la medida en que éste perpetúa compulsivamente su amor en el espejo. No sólo existimos en la imagen, insistimos en ella. Migramos aterrados del desierto de lo Real.
Esa obturación de lo Real es ya señalada por Zizek, quien en su texto “Bienvenidos al desierto de lo Real” critica precisamente el carácter hedonista de la cultura occidental posmoderna. Bebemos café descafeinado, leche deslactosada, etc. forcluyendo progresivamente el núcleo duro de lo Real. Las redes sociales congelan la inercia implícita del discurso, la desfiguración propia de cualquier imagen atravesada, como nosotros, en tanto reales, de una dimensión temporal que denuncia nuestro encuentro inexorable con la muerte.
Nuevamente las palabras de Lacan emergen en esta encrucijada: “Hacen bien en saber que van a morir. De que otra forma podrían valorar su existencia?”
Lo que denuncia magistralmente el reinventor del psicoanálisis es precisamente la relevancia innegable que constituye lo Real, como contrapeso necesario al registro Imaginario y Simbòlico.
El éxito de las redes sociales radica precisamente en la relación narcisista que se establece a través de ellas.
Facebook es quizá la red social que representa de un modo evidente esta perspectiva. Precisamente la utilización estética de la imagen propia, siempre en primer plano, fractura implícitamente la relación dialéctica del hombre con su entorno, mismo que se ve reducido a un efímero escenario que garantice el protagonismo del sujeto, en el cual se esboza una pálida respuesta de este sujeto ante la Demanda Ideológica del Otro. La estética depende directamente de la ideología predominante (recordemos la evolución que ha tenido a lo largo de los siglos la figura de Cristo), y en este sentido, la ideología capitalista nos ha mostrado su capacidad para reducir tanto el entorno como el cuerpo mismo a un mero objeto de consumo. (Recordemos que Facebook es, originalmente, un proyecto de marketing).
Se trata, sirviéndonos de los significantes puestos ahí en juego, de gustar, degustar, ser degustado por el Otro. El sujeto nunca existe para sí, sino para el Otro. Hablamos para ser escuchados. La relación alienante establecida con las redes sociales sólo denota nuestra mundana necesidad de existencia a partir de un reconocimiento imaginario. El yo (moi) es, precisamente, el cúmulo de identificaciones imaginarias que el sujeto establece a lo largo de su historia.
Incluso en redes sociales en las cuales el fenómeno es menos evidente, es el yo (moi) el que se apodera del micrófono y chapotea gozosamente en el reconocimiento de su existencia. La finalidad de las redes sociales consiste en obturar imaginariamente las vicisitudes inherentes a la existencia.
Esto es lo que me atrevo a denominar el efecto “Mickey Mouse”, anticipando que debe su nombre a un chiste (afortunadamente esto es psicoanálisis):
“Mickey Mouse es tan agradable que todos olvidamos que se trata de una rata”
El neurótico es como esa rata que se afana en ganar el estatuto de Mickey Mouse. La rata, no en un sentido peyorativo, sino desde una perspectiva psicoanalítica, es una representación del sujeto. La condición existencial del neurótico es, precisamente, no querer saber nada acerca de la castración. El mal-estar en la cultura radica precisamente en esa sujeción al gran Otro, ante cuya Demanda nada puede hacerse, mas que ceder.
Paradójicamente, la posmodernidad ha subvertido el malestar original suscitado por la cultura, al menos a un nivel imaginario. Es el bienestar perpetuado por las redes sociales lo que devela la dimensión ominosa de nuestra cotidianeidad, petrificada a través de la imagen.
Zizek logra una lúcida crítica con respecto al efecto del ciberespacio en la búsqueda desaforada de goce por parte de las sociedades posmodernas. En su ensayo acerca de la película The Matrix, argumenta:
“La inmersión en el ciberespacio puede intensificar nuestras experiencias corporales (una nueva sensualidad, un nuevo cuerpo con más órganos, nuevos sexos...), pero también hace posible a la persona que manipula la maquinaria que controla el ciberespacio robarnos literalmente nuestros cuerpos (virtuales), despojándonos de nuestro control sobre ellos de tal manera que se rompa la relación con ellos como algo «que nos perte¬nece»”.
Es decir, que, al igual que en el estadio del espejo, en el cual el niño es capaz de concebir su cuerpo como una unidad mediado por el gran Otro, es a partir del Otro que logramos valorar nuestra imagen como estética dentro del espejo de las redes sociales. Sin embargo, lo que Mickey Mouse asume como propio, es precisamente la condición impuesta por el Otro a partir de la cual es capaz de asumirse excéntrico a su condición de rata.
El cuerpo, en tanto imagen, es despojado de su libertad en la medida en que se inscribe en una estructura que determina su valor estético, convirtiéndose en posesión absoluta del Otro.
En el mismo texto, Zizek puntualiza precisamente que en la metáfora planteada por el filme, se devela un discurso de carácter perverso, en la medida en que es la máquina, es decir, el Otro, el que necesita de los pequeños otros como meras fuentes de energía, razón por la cual es creada la Matrix. Es decir, que es el sujeto el que se posiciona como instrumento pasivo del goce del Otro. En el caso de las redes sociales, lo que el sujeto intenta no es realizar la Voluntad del Otro, sino su Demanda, logrando así de manera imaginaria escapar a la castración, sin embargo, existe la fantasía latente de posicionarse precisamente como Instrumentos del Goce del Otro. Toda fantasía, en tanto neurótica, es de carácter perverso. La imagen del cuerpo dentro de la estructura planteada por el Otro es reducida, en última instancia, a un mero fetiche que asegura imaginariamente el goce del Otro, mientras que el discurso realmente inconsciente radica en la sumisión obsesiva del sujeto a la Demanda del Otro. Precisamente porque el sujeto se halla inscrito bajo la Ley es que se posibilita en él el deseo. El sujeto tiene una relación particular con el goce porque ésta deriva de una posición determinada en relación a la Ley. El objeto a, extraviado inexorablemente, determina las coordenadas fantasmáticas del sujeto en el mundo. El neurótico goza según los parámetros impuestos por la Ley a la cual se halla sujeto. Cualquier otra posibilidad sólo existe al nivel de la fantasía, ya que su deseo es el cociente de la Ley.
En una famosa serie televisiva americana el menos de los hermanos, ante el evidente embarazo de su madre, despliega una serie de actos cuya única finalidad es recuperar el amor de esta, arrebatado por su futuro hermanito. Comienza a comportarse él mismo como un bebé. Esta es la génesis del deseo en el hombre. El sujeto intenta satisfacer la Demanda impuesta por el Otro.
Cuando la madre, fuera de quicio, le reprocha su mal comportamiento, éste responde:
No es justo! A medida que creces te asignan más responsabilidades y es más difícil satisfacer sus expectativas!
Obviamente, este sujeto aún no conoce Facebook. Qué mejor manera de escapar a la castración, es decir, evadir la circunstancia implícita en la inscripción dentro del lenguaje, que recuperando imaginariamente el amor narcisista arrebatado por este.
La gran Demanda posmoderna a partir de la cual se configura nuestro deseo se reduce a esto: Gozar y ser gozado, en tanto imagen, por el Otro, obturando lo Real del cuerpo.
Vattimo se refiere a la posmodernidad en los siguientes términos:
“Ahora que en la sociedad de consumo, la renovación continúa (de la vestimenta, de los utensilios, de los edificios), esta fisiológicamente exigida para asegurar la pura y simple renovación del sistema: la novedad nada tiene de “revolucionario” ni de perturbador, sino que es aquello que permite que las cosas marchen de la misma manera. Existe una especie de “inmovilidad de fondo en el mundo técnico que los escritores de ficción científica a menudo representaran como la reducción de toda experiencia de la realidad a una experiencia de imágenes. Nadie encuentra verdaderamente a otra persona, todo se ve en monitores televisivos que uno gobierna mientras está sentado en una habitación) y que se percibe de manera más realista en el silencio algodonado y climatizado en el que trabajan las computadoras”
Sin embargo, es precisamente el espejo lo que devela la agresividad implícita en la estructuración del sujeto. La imagen que el sujeto descubre siempre será motivo de competencia para él.
No nos permite esto pensar el fenómeno social posibilitado por el Facebook como una perpetua competencia entre dos sujetos que sólo se reconocen a través de una imagen, misma que es puesta en juego como un mero objeto de deseo dirigido al Otro?
La afinidad entre el nihilismo heiddeggeriano y el nietzscheano radica, según Vattimmo en la atribución a partir de la cual el término valor reduce al ser a valor, como valor de cambio.
“De manera que el nihilismo es ahí la reducción del ser a valor de cambio”. P.24,
“en la aceptación nietzscheana – heideggeriana, el nihilismo es la transformación del valor de uso en valor de cambio, No se trata de que el nihilismo sea que el ser esté en poder del sujeto, sino que el ser haya disuelto completamente en el discurrir del valor, en las transformaciones indefinidas de la equivalencia universal” p. 25
La posmodernidad sólo representa la ficción ominosa de libertad, bajo la cual se halla la dimensión simbólica del gran Otro que nos determina, en la medida en que los símbolos a partir de los cuales somos construidos provienen del Otro. La tesis de la cultura posmoderna en la cual nos hallamos inscritos radica precisamente en el arte de la simulación, a partir de la cual cotizamos nuestra imagen de manera análoga al mercado global, lo cual transforma nuestra cotidianeidad en una virtualidad tanto o más ominosa que la inminente confrontación con lo Real.
Es nuevamente Zizek quien denuncia esta virtualización de la libertad según la Demanda del Otro.
(…) públicamente simulamos ser libres mientras que en privado obedecemos. (…) somos víctimas de la autoridad precisamente cuando creemos que la hemos embaucado: la distancia cínica está vacía, nuestro verdadero lugar se encuentra en el ritual de la obediencia o, como lo expresó Kurt Vonnegut en su Madre Noche: ‘Somos lo que simulamos ser, de modo que debemos tener cuidado con lo que simulamos ser’.
Lacan, quien se articula perfectamente al contexto posmoderno actual, nos recuerda lo que Freud ya anticipaba con respecto al yo, a saber: que éste es excéntrico al sujeto. El yo pierde su estatuto privilegiado como amo y señor del universo psíquico del hombre. Si el yo existe, es como esa máscara que nos posibilita el acceso al baile. El sujeto, incluso, no existe sino como un shifter entre los significantes.
En una compilación anónima hallada en youtube se muestran las diez mejores fotografías halladas en Facebook. Se trata, nuevamente, de un chiste. Las fotografías muestran principalmente mujeres poco agraciadas en contextos ominosos, en la medida en que se hallan más cerca de lo Real. En la fotografía número uno hallamos a una mujer poco estética posando al lado de un retrete, en el cual se vislumbra aún excremento.
Esta mujer, sin saberlo, denuncia a través de su imagen todo aquello que el discurso estético ideológico reniega: Lo Real del cuerpo. Esta es incluso la razón por la cual logra el estatuto de chiste para los civilizados usuarios de esta red social: denuncia un retorno a lo Real del cuerpo que contradice precisamente la finalidad del Facebook.
Mickey Mouse enmudece… se eriza… muestra los colmillos… chilla.
Se puede vislumbrar a partir de la perspectiva psicoanalítica un abordaje contemporáneo de los dos ejes que nos convocan a este recinto; la civilidad, es decir, el arte de la adecuada utilización del cuerpo, así como lo mundano, que es, desde esta perspectiva, el encuentro fantasmático, fallido a perpetuidad, del sujeto con el goce, anudados en un constructo cultural específico: las redes sociales, que constituyen un fenómeno mundano de carácter civilizatorio digno de ser observado desde una lectura psicoanalítica.
Una de las lecciones con las cuales Lacan asesta un severo bastonazo budista a los analistas del yo se halla en la lección “El análisis objetivado”, en el segundo seminario. En ella, Lacan advierte como los analistas, al enfocarse en el yo del sujeto, caen en la tentación de servir de referencia para la construcción de un nuevo yo. Lacan advierte que si el sujeto es capaz de aludir a esas imágenes, en las cuales radica la meta última de sus pulsiones, es gracias a la palabra, es decir, a la dimensión simbólica que posibilita su estructuración a través del discurso. El yo falla al decirse, se maldice. Lacan lo refiere, en última instancia, como un síntoma.
Manifestaciones “imaginarias” como el fenómeno suscitado por las redes sociales sólo son posibles bajo la estructuración simbólica posibilitada por el Otro. Es un error asumir que la sobreestimación de las imágenes por parte de este tipo de estructuras forcluye la dimensión simbólica que las sostiene. El direccionamiento de los discursos, dirigidos al otro (a´), se subordinan inconscientemente según la estructuración otorgada por el Otro, en cuyo reconocimiento hallan su verdadera finalidad.
Este planteamiento nos remite al estadio del espejo, de Lacan.
Si el niño es capaz de reconocerse jubilosamente en el espejo cóncavo esto solo se debe a su refracción anterior en el espejo plano. Según la metáfora lacaniana, es el espejo plano del lenguaje el que posibilita que el sujeto se reconozca en el otro, a partir de lo cual se constituirá el yo (je).
Las redes sociales constituyen una reminiscencia en relación al espejo en el cual hallamos al otro, nuestro semejante, a partir de una relación narcisista (toda identificación es narcisista) que, sin embargo, obedece al espejo plano del lenguaje, es decir, al Otro.
La amplia aceptación de nuestro contexto social a este tipo de manifestaciones podría pensarse más allá del principio de placer, como una compulsiva repetición de ese primer encuentro con el otro, esa significación que insiste fallidamente en ser develada por el sujeto. La pulsión de muerte no es otra cosa que la inauguración del registro simbólico del hombre, que, al situarse precisamente más allá del principio de placer, trasciende su registro imaginario.
El hombre ha hallado el espejo ideal en el cual cristalizar el narcisismo arrebatado por el Otro, precipitándose a un goce mundano, prioritario y efímero que, sin embargo, canoniza la Demanda del Otro, subordinando su cuerpo dentro de un discurso ideológico civilizatorio que obtura cualquier confrontación con lo Real.
En la medida en que el hombre es capaz de recuperar a través de un registro imaginario el narcisismo sacrificado a la cultura, halla un atajo que le ahorra gran parte del rodeo simbólico que le debe a sus ideales del yo. Los ideales que constituyen los vértices simbólicos del sujeto se diluyen en la medida en que éste perpetúa compulsivamente su amor en el espejo. No sólo existimos en la imagen, insistimos en ella. Migramos aterrados del desierto de lo Real.
Esa obturación de lo Real es ya señalada por Zizek, quien en su texto “Bienvenidos al desierto de lo Real” critica precisamente el carácter hedonista de la cultura occidental posmoderna. Bebemos café descafeinado, leche deslactosada, etc. forcluyendo progresivamente el núcleo duro de lo Real. Las redes sociales congelan la inercia implícita del discurso, la desfiguración propia de cualquier imagen atravesada, como nosotros, en tanto reales, de una dimensión temporal que denuncia nuestro encuentro inexorable con la muerte.
Nuevamente las palabras de Lacan emergen en esta encrucijada: “Hacen bien en saber que van a morir. De que otra forma podrían valorar su existencia?”
Lo que denuncia magistralmente el reinventor del psicoanálisis es precisamente la relevancia innegable que constituye lo Real, como contrapeso necesario al registro Imaginario y Simbòlico.
El éxito de las redes sociales radica precisamente en la relación narcisista que se establece a través de ellas.
Facebook es quizá la red social que representa de un modo evidente esta perspectiva. Precisamente la utilización estética de la imagen propia, siempre en primer plano, fractura implícitamente la relación dialéctica del hombre con su entorno, mismo que se ve reducido a un efímero escenario que garantice el protagonismo del sujeto, en el cual se esboza una pálida respuesta de este sujeto ante la Demanda Ideológica del Otro. La estética depende directamente de la ideología predominante (recordemos la evolución que ha tenido a lo largo de los siglos la figura de Cristo), y en este sentido, la ideología capitalista nos ha mostrado su capacidad para reducir tanto el entorno como el cuerpo mismo a un mero objeto de consumo. (Recordemos que Facebook es, originalmente, un proyecto de marketing).
Se trata, sirviéndonos de los significantes puestos ahí en juego, de gustar, degustar, ser degustado por el Otro. El sujeto nunca existe para sí, sino para el Otro. Hablamos para ser escuchados. La relación alienante establecida con las redes sociales sólo denota nuestra mundana necesidad de existencia a partir de un reconocimiento imaginario. El yo (moi) es, precisamente, el cúmulo de identificaciones imaginarias que el sujeto establece a lo largo de su historia.
Incluso en redes sociales en las cuales el fenómeno es menos evidente, es el yo (moi) el que se apodera del micrófono y chapotea gozosamente en el reconocimiento de su existencia. La finalidad de las redes sociales consiste en obturar imaginariamente las vicisitudes inherentes a la existencia.
Esto es lo que me atrevo a denominar el efecto “Mickey Mouse”, anticipando que debe su nombre a un chiste (afortunadamente esto es psicoanálisis):
“Mickey Mouse es tan agradable que todos olvidamos que se trata de una rata”
El neurótico es como esa rata que se afana en ganar el estatuto de Mickey Mouse. La rata, no en un sentido peyorativo, sino desde una perspectiva psicoanalítica, es una representación del sujeto. La condición existencial del neurótico es, precisamente, no querer saber nada acerca de la castración. El mal-estar en la cultura radica precisamente en esa sujeción al gran Otro, ante cuya Demanda nada puede hacerse, mas que ceder.
Paradójicamente, la posmodernidad ha subvertido el malestar original suscitado por la cultura, al menos a un nivel imaginario. Es el bienestar perpetuado por las redes sociales lo que devela la dimensión ominosa de nuestra cotidianeidad, petrificada a través de la imagen.
Zizek logra una lúcida crítica con respecto al efecto del ciberespacio en la búsqueda desaforada de goce por parte de las sociedades posmodernas. En su ensayo acerca de la película The Matrix, argumenta:
“La inmersión en el ciberespacio puede intensificar nuestras experiencias corporales (una nueva sensualidad, un nuevo cuerpo con más órganos, nuevos sexos...), pero también hace posible a la persona que manipula la maquinaria que controla el ciberespacio robarnos literalmente nuestros cuerpos (virtuales), despojándonos de nuestro control sobre ellos de tal manera que se rompa la relación con ellos como algo «que nos perte¬nece»”.
Es decir, que, al igual que en el estadio del espejo, en el cual el niño es capaz de concebir su cuerpo como una unidad mediado por el gran Otro, es a partir del Otro que logramos valorar nuestra imagen como estética dentro del espejo de las redes sociales. Sin embargo, lo que Mickey Mouse asume como propio, es precisamente la condición impuesta por el Otro a partir de la cual es capaz de asumirse excéntrico a su condición de rata.
El cuerpo, en tanto imagen, es despojado de su libertad en la medida en que se inscribe en una estructura que determina su valor estético, convirtiéndose en posesión absoluta del Otro.
En el mismo texto, Zizek puntualiza precisamente que en la metáfora planteada por el filme, se devela un discurso de carácter perverso, en la medida en que es la máquina, es decir, el Otro, el que necesita de los pequeños otros como meras fuentes de energía, razón por la cual es creada la Matrix. Es decir, que es el sujeto el que se posiciona como instrumento pasivo del goce del Otro. En el caso de las redes sociales, lo que el sujeto intenta no es realizar la Voluntad del Otro, sino su Demanda, logrando así de manera imaginaria escapar a la castración, sin embargo, existe la fantasía latente de posicionarse precisamente como Instrumentos del Goce del Otro. Toda fantasía, en tanto neurótica, es de carácter perverso. La imagen del cuerpo dentro de la estructura planteada por el Otro es reducida, en última instancia, a un mero fetiche que asegura imaginariamente el goce del Otro, mientras que el discurso realmente inconsciente radica en la sumisión obsesiva del sujeto a la Demanda del Otro. Precisamente porque el sujeto se halla inscrito bajo la Ley es que se posibilita en él el deseo. El sujeto tiene una relación particular con el goce porque ésta deriva de una posición determinada en relación a la Ley. El objeto a, extraviado inexorablemente, determina las coordenadas fantasmáticas del sujeto en el mundo. El neurótico goza según los parámetros impuestos por la Ley a la cual se halla sujeto. Cualquier otra posibilidad sólo existe al nivel de la fantasía, ya que su deseo es el cociente de la Ley.
En una famosa serie televisiva americana el menos de los hermanos, ante el evidente embarazo de su madre, despliega una serie de actos cuya única finalidad es recuperar el amor de esta, arrebatado por su futuro hermanito. Comienza a comportarse él mismo como un bebé. Esta es la génesis del deseo en el hombre. El sujeto intenta satisfacer la Demanda impuesta por el Otro.
Cuando la madre, fuera de quicio, le reprocha su mal comportamiento, éste responde:
No es justo! A medida que creces te asignan más responsabilidades y es más difícil satisfacer sus expectativas!
Obviamente, este sujeto aún no conoce Facebook. Qué mejor manera de escapar a la castración, es decir, evadir la circunstancia implícita en la inscripción dentro del lenguaje, que recuperando imaginariamente el amor narcisista arrebatado por este.
La gran Demanda posmoderna a partir de la cual se configura nuestro deseo se reduce a esto: Gozar y ser gozado, en tanto imagen, por el Otro, obturando lo Real del cuerpo.
Vattimo se refiere a la posmodernidad en los siguientes términos:
“Ahora que en la sociedad de consumo, la renovación continúa (de la vestimenta, de los utensilios, de los edificios), esta fisiológicamente exigida para asegurar la pura y simple renovación del sistema: la novedad nada tiene de “revolucionario” ni de perturbador, sino que es aquello que permite que las cosas marchen de la misma manera. Existe una especie de “inmovilidad de fondo en el mundo técnico que los escritores de ficción científica a menudo representaran como la reducción de toda experiencia de la realidad a una experiencia de imágenes. Nadie encuentra verdaderamente a otra persona, todo se ve en monitores televisivos que uno gobierna mientras está sentado en una habitación) y que se percibe de manera más realista en el silencio algodonado y climatizado en el que trabajan las computadoras”
Sin embargo, es precisamente el espejo lo que devela la agresividad implícita en la estructuración del sujeto. La imagen que el sujeto descubre siempre será motivo de competencia para él.
No nos permite esto pensar el fenómeno social posibilitado por el Facebook como una perpetua competencia entre dos sujetos que sólo se reconocen a través de una imagen, misma que es puesta en juego como un mero objeto de deseo dirigido al Otro?
La afinidad entre el nihilismo heiddeggeriano y el nietzscheano radica, según Vattimmo en la atribución a partir de la cual el término valor reduce al ser a valor, como valor de cambio.
“De manera que el nihilismo es ahí la reducción del ser a valor de cambio”. P.24,
“en la aceptación nietzscheana – heideggeriana, el nihilismo es la transformación del valor de uso en valor de cambio, No se trata de que el nihilismo sea que el ser esté en poder del sujeto, sino que el ser haya disuelto completamente en el discurrir del valor, en las transformaciones indefinidas de la equivalencia universal” p. 25
La posmodernidad sólo representa la ficción ominosa de libertad, bajo la cual se halla la dimensión simbólica del gran Otro que nos determina, en la medida en que los símbolos a partir de los cuales somos construidos provienen del Otro. La tesis de la cultura posmoderna en la cual nos hallamos inscritos radica precisamente en el arte de la simulación, a partir de la cual cotizamos nuestra imagen de manera análoga al mercado global, lo cual transforma nuestra cotidianeidad en una virtualidad tanto o más ominosa que la inminente confrontación con lo Real.
Es nuevamente Zizek quien denuncia esta virtualización de la libertad según la Demanda del Otro.
(…) públicamente simulamos ser libres mientras que en privado obedecemos. (…) somos víctimas de la autoridad precisamente cuando creemos que la hemos embaucado: la distancia cínica está vacía, nuestro verdadero lugar se encuentra en el ritual de la obediencia o, como lo expresó Kurt Vonnegut en su Madre Noche: ‘Somos lo que simulamos ser, de modo que debemos tener cuidado con lo que simulamos ser’.
Lacan, quien se articula perfectamente al contexto posmoderno actual, nos recuerda lo que Freud ya anticipaba con respecto al yo, a saber: que éste es excéntrico al sujeto. El yo pierde su estatuto privilegiado como amo y señor del universo psíquico del hombre. Si el yo existe, es como esa máscara que nos posibilita el acceso al baile. El sujeto, incluso, no existe sino como un shifter entre los significantes.
En una compilación anónima hallada en youtube se muestran las diez mejores fotografías halladas en Facebook. Se trata, nuevamente, de un chiste. Las fotografías muestran principalmente mujeres poco agraciadas en contextos ominosos, en la medida en que se hallan más cerca de lo Real. En la fotografía número uno hallamos a una mujer poco estética posando al lado de un retrete, en el cual se vislumbra aún excremento.
Esta mujer, sin saberlo, denuncia a través de su imagen todo aquello que el discurso estético ideológico reniega: Lo Real del cuerpo. Esta es incluso la razón por la cual logra el estatuto de chiste para los civilizados usuarios de esta red social: denuncia un retorno a lo Real del cuerpo que contradice precisamente la finalidad del Facebook.
Mickey Mouse enmudece… se eriza… muestra los colmillos… chilla.
martes, 17 de enero de 2012
Bio(i)logicismos
Es imposible plantearse la idea de un hombre que carezca del registro simbólico tal como lo planteaba Lacan. El símbolo es aquél horizonte otorgado por el Otro a través del cual el sujeto ocupará un lugar para el Deseo del Otro, intentando satisfacer su Demanda, en el caso del neurótico, o realizando su Voluntad, en el caso del perverso. Lacan es un cuenta cuentos seductor en cuyas historias resurgen verdades de proporciones míticas en la medida en que resucita el carácter subversivo del psicoanálisis freudiano. Massotta menciona en su libro: Lecciones introductorias al psicoanálisis Freud/Lacan, que, si tuviéramos que establecer una lectura estructurada de la obra freudiana, éste ordenamiento sería determinado por el uso (inconsciente?) que hace Freud del significante.
Resulta obvio que una de las lecturas predilectas de Lacan con respecto a la obra freudiana es Mas allá del principio de placer. Por qué?, precisamente porque Freud retorna en esa obra al carácter propiamente significante de su obra, que paulatinamente perdía vigor en la medida en que lidiaba por establecer el carácter dual de las pulsiones, o lo que él mismo llamaba, según Lacan, su "mitología".
La pulsión de muerte es precisamente lo que más tarde Lacan equipararía a esa insistencia simbólica, esa compulsiva repetición cuyo motor es el significante amordazdo, extraviado, que golpea sin cesar las paredes abigarradas del laberinto psíquico del hombre, remitiéndolo perpetuamente a su malestar.
Si el psicótico no es capaz de establecer un discurso del mismo modo que el neurótico, esto no se debe a su ausencia de símbolos, sino a que, para él, el espejo está roto. El psicótico lleva el símbolo al estatuto de real. Por eso la alucinación resulta literalmente aterradora. Lleva su objeto a en el bolsillo.
Un hombre sin símbolos es una utopía degenerada, y por demás, imposible.
Una mala lectura freudiana podría coquetear con la idea de los instintos como la base psíquica del hombre, y de ahí bien podríamos derivar en las "necesidades humanas". Lo Real, en efecto, se impone perpetuamente al hombre. Lo trasciende. Sin embargo, resulta ridículo suponer que éste se enfrentará sin más a ese Real, prescindiendo de las coordenadas simbólicas que lo sujetan al lenguaje.
Freud tenía ante sí dos posibilidades linguísticas para significar su mitología... instinto, (instinkt) y pulsión (trieb). Se decide por esta última, según la traducción de James Strachey.
El instinto tiene una meta determinada de antemano. Los salmones hacen el mismo viaje de manera invariable. La pulsión tiene una meta... imaginaria. Y que es la imagen sino la posibilidad de reconocimiento dada por el Otro, en la medida en que para hallar el espejo cóncavo dependemos directamente del espejo plano, que simboliza precisamente al Otro del lenguaje. La meta de la pulsión es contingente.
Equiparar al hombre a un mero amasijo de necesidades biológicas lo degrada a un plano Real del cual, en la vida cotidiana, siempre es excluido.
Me parece que el discurso biologicista en el cual se pretende inscribir al hombre, aún a costa del reconocimiento de su deseo corresponde a una ideología implícita degradante: Si el hombre es un animal, entonces es normal que se comporte como un animal. Las criticas que en su momento obturaron la divulgación de la teoría psicoanalítica por una sociedad victoriana que se horrorizaba ante la naturaleza sexual de sus niños, parecen enmudecer ante la constante tendencia de animalizar al hombre a través del más degradante hedonismo.
El hombre no se rige por necesidades, sino por deseos, y, por paradójico que resulte para los mojigatos defensores del yo, es precisamente gracias a su deseo que el hombre es capaz de elevarse por encima de sí mismo, en la medida en que este es la otra cara de la Ley. El hombre desea gracias al deseo del Otro. Reducir los discursos a un plano biologicista constituye implicitamente una progresiva (regresiva?) disolución de aquellos ideales del yo que posibilitan al hombre buscarse en el otro a través del símbolo, más allá de la rivalidad imaginaria promovida por el Otro posmoderno.
Resulta obvio que una de las lecturas predilectas de Lacan con respecto a la obra freudiana es Mas allá del principio de placer. Por qué?, precisamente porque Freud retorna en esa obra al carácter propiamente significante de su obra, que paulatinamente perdía vigor en la medida en que lidiaba por establecer el carácter dual de las pulsiones, o lo que él mismo llamaba, según Lacan, su "mitología".
La pulsión de muerte es precisamente lo que más tarde Lacan equipararía a esa insistencia simbólica, esa compulsiva repetición cuyo motor es el significante amordazdo, extraviado, que golpea sin cesar las paredes abigarradas del laberinto psíquico del hombre, remitiéndolo perpetuamente a su malestar.
Si el psicótico no es capaz de establecer un discurso del mismo modo que el neurótico, esto no se debe a su ausencia de símbolos, sino a que, para él, el espejo está roto. El psicótico lleva el símbolo al estatuto de real. Por eso la alucinación resulta literalmente aterradora. Lleva su objeto a en el bolsillo.
Un hombre sin símbolos es una utopía degenerada, y por demás, imposible.
Una mala lectura freudiana podría coquetear con la idea de los instintos como la base psíquica del hombre, y de ahí bien podríamos derivar en las "necesidades humanas". Lo Real, en efecto, se impone perpetuamente al hombre. Lo trasciende. Sin embargo, resulta ridículo suponer que éste se enfrentará sin más a ese Real, prescindiendo de las coordenadas simbólicas que lo sujetan al lenguaje.
Freud tenía ante sí dos posibilidades linguísticas para significar su mitología... instinto, (instinkt) y pulsión (trieb). Se decide por esta última, según la traducción de James Strachey.
El instinto tiene una meta determinada de antemano. Los salmones hacen el mismo viaje de manera invariable. La pulsión tiene una meta... imaginaria. Y que es la imagen sino la posibilidad de reconocimiento dada por el Otro, en la medida en que para hallar el espejo cóncavo dependemos directamente del espejo plano, que simboliza precisamente al Otro del lenguaje. La meta de la pulsión es contingente.
Equiparar al hombre a un mero amasijo de necesidades biológicas lo degrada a un plano Real del cual, en la vida cotidiana, siempre es excluido.
Me parece que el discurso biologicista en el cual se pretende inscribir al hombre, aún a costa del reconocimiento de su deseo corresponde a una ideología implícita degradante: Si el hombre es un animal, entonces es normal que se comporte como un animal. Las criticas que en su momento obturaron la divulgación de la teoría psicoanalítica por una sociedad victoriana que se horrorizaba ante la naturaleza sexual de sus niños, parecen enmudecer ante la constante tendencia de animalizar al hombre a través del más degradante hedonismo.
El hombre no se rige por necesidades, sino por deseos, y, por paradójico que resulte para los mojigatos defensores del yo, es precisamente gracias a su deseo que el hombre es capaz de elevarse por encima de sí mismo, en la medida en que este es la otra cara de la Ley. El hombre desea gracias al deseo del Otro. Reducir los discursos a un plano biologicista constituye implicitamente una progresiva (regresiva?) disolución de aquellos ideales del yo que posibilitan al hombre buscarse en el otro a través del símbolo, más allá de la rivalidad imaginaria promovida por el Otro posmoderno.
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